sábado, 12 de noviembre de 2011
Siete almas
Un hombre se desvive por ayudar a una serie de personas con las que no tiene ninguna relación y que tienen graves problemas. El por qué lo hace y por qué a ellos es un enigma.
Película de emociones, de un sentimiento de culpabilidad que deriva en entrega amorosa, de Gabirle Muccino ("El último beso", "En busca de la felicidad") interpretada por Will Smith y Rosario Dawson.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Un hombre llamado caballo
Un noble inglés que se encuentra cazando en el noroeste americano es capturado por una tribu india. Mientras intenta averiguar el modo de huir se va ganando progresivamente el respeto de sus captores.
La historia tiene mimbres, pero la arruina el incapaz director Elliot Silverstein. Richard Harris es el protagonista absoluto.
Felicidad
Khmir es un pobre campesino que por un golpe de suerte se encuentra una cantidad de dinero con la que compra un caballo, creyendo que así empezará su prosperidad, pero sus desventuras no han hecho más que empezar.
Comedia silente de Aleksandr Medvedkin -de quien ya escribí a raíz de un documental de Marker-, quien emplea la sátira social y el humor absurdo como elementos sustentadores de la irregular producción.
lunes, 7 de noviembre de 2011
Nadie sabe
Con la prolongada ausencia de su irresponsable madre, Akira se ve obligado a cuidar de sus tres hermanos, quienes nunca salen fuera del piso por miedo a que los descubran y separen.
Con semejante argumento es realmente complicado realizar una película que no caiga en el sentimentalismo de todo a cien, pero Hirokazu Koreeda nos ofrece una bella obra con una dirección sobria.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Volvo Ocean Race 2011/12
Seis veleros de 70 pies y once tripulantes cada uno emprendieron ayer una aventura que durará cerca de nueve meses, desde Alicante a Galway pasando por Cape Town, Abu Dhabi, Sanya, Auckland, Itajaí, Miami, Lisboa y Lorient. Con un día de navegación y aún en el Mediterráneo dos de las embarcaciones han tenido que parar ya a efectuar reparaciones. ¡Que tengan buena mar!
El tiempo de los gitanos
Perhan viaja con un hombre rico para acompañar a su hermana a un hospital sonde pueden arreglar su problema en la pierna, pero al llegar allí decide seguir viaje con el hombre hasta Italia, donde aprenderá de él cómo manejar negocios sucios y hacer dinero rápido.
Realizada por Emir Kusturica ("Underground") y protagonizada por Davor Dujmovic esta cinta de argumento poco original pero muy bien desarrollado en el guión destaca por su ambientación y su hechizador estilo visual, así como por la humanidad que destila allá al fondo.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Sospechosos habituales
En una rueda de reconocimiento coinciden cinco delincuentes que a partir de ese momento deciden realizar juntos unos trabajitos, sin sospechar que les espera una experiencia complicada.
Película de Brian Singer que se basa enteramente en sus trampas. Pero éstas son facilonas y previsibles, con lo que el castillo de naipes se desmorona con una sorpresa final que no es tal. Los protagonistas son Kevin Spacey, Gabriel Byrne, Stephen Baldwin, Kevin Pollack y Benicio Del Toro, que realizan un gran trabajo.
viernes, 4 de noviembre de 2011
Una hora contigo
Un hombre felizmente casado empieza a tener complicaciones cuando la mejor amiga de su mujer, que también está casada, se pone a flirtear con él.
Ernst Lubitsch ("La octava mujer de Barba azul", "Lo que piensan las mujeres", "El bazar de las sorpresas", "Ninotchka", "El diablo dijo no"), auxiliado por George Cukor, dirigió esta entretenida comedia musical de guión tópico protagonizada por Maurice Chevalier, Jeanette MacDonald y Genevieve Tobin.
Lágrimas de tren
Me llamó la atención solamente porque me saludó. Hoy en día nadie saluda en el transporte público, todos se ignoran como si lo que hubiera a su lado fuera una piedra y no una persona. Fue un simple “hola”, y me lo dijo sin levantar la mirada del libro. Me había dirigido yo hacia el final del vagón, y junto a la ventana estaba él, un chico unos años mayor que yo, pero aún joven, aunque su rostro denotaba cansancio. Iba bien vestido, pero de forma bastante informal, con unos pantalones chinos y una camisa oscura por fuera de él. Estaba sentado con las piernas cruzadas, y al ir yo a sentarme las descruzó para dejarme espacio a mí y mi maleta, y fue cuando me saludó. Yo respondí en voz muy baja y me instalé en mi asiento, enfrente del suyo.
Con los auriculares puestos estaba escuchando música para relajarme después de una intensa semana de estudios y juergas, con ganas de llegar a casa para pasar el fin de semana. No tenía intención de salir esa noche y sólo me preguntaba qué me habría preparado mi madre para cenar. Me fijé de nuevo en el chico cuando cerró el libro y lo guardó en su cartera. Cerró los ojos y se los frotó con las manos, como si estuviera cansado de leer. Cuando los abrió de nuevo se quedó mirando por la ventanilla, aunque podría ver poco porque la noche había caído mucho tiempo antes.
Tardé unos segundos en darme cuenta de que lloraba. Ligeras lágrimas caían por sus mejillas aunque su cara se mantenía serena. No hacía nada por disimularlo y yo me sentía verdaderamente incómoda. No sabía cómo actuar, si darle un pañuelo, preguntarle si le pasaba algo o simplemente ignorarlo y hacer como que no me había percatado. Todos en el vagón permanecían inmersos en su propio mundo y ajenos al drama interior que vivía ese hombre. Yo hubiera querido estar como ellos pero el simple hecho de que me saludara al sentarme había roto la invisible barrera entre los dos. Sin embargo, permanecí quieta, echándole rápidas ojeadas con frecuencia.
Por primera vez desde que me había sentado, él me miró. Y sonrió. Una sonrisa franca, abierta. Estoy convencida de que se dio cuenta de mi desazón ante sus lágrimas y quiso tranquilizarme. Sacó un pañuelo del bolsillo, se secó la cara, asió la cartera, me dijo “hasta luego” y se fue. Su parada era la siguiente. Yo no pude responderle.
Con los auriculares puestos estaba escuchando música para relajarme después de una intensa semana de estudios y juergas, con ganas de llegar a casa para pasar el fin de semana. No tenía intención de salir esa noche y sólo me preguntaba qué me habría preparado mi madre para cenar. Me fijé de nuevo en el chico cuando cerró el libro y lo guardó en su cartera. Cerró los ojos y se los frotó con las manos, como si estuviera cansado de leer. Cuando los abrió de nuevo se quedó mirando por la ventanilla, aunque podría ver poco porque la noche había caído mucho tiempo antes.
Tardé unos segundos en darme cuenta de que lloraba. Ligeras lágrimas caían por sus mejillas aunque su cara se mantenía serena. No hacía nada por disimularlo y yo me sentía verdaderamente incómoda. No sabía cómo actuar, si darle un pañuelo, preguntarle si le pasaba algo o simplemente ignorarlo y hacer como que no me había percatado. Todos en el vagón permanecían inmersos en su propio mundo y ajenos al drama interior que vivía ese hombre. Yo hubiera querido estar como ellos pero el simple hecho de que me saludara al sentarme había roto la invisible barrera entre los dos. Sin embargo, permanecí quieta, echándole rápidas ojeadas con frecuencia.
Por primera vez desde que me había sentado, él me miró. Y sonrió. Una sonrisa franca, abierta. Estoy convencida de que se dio cuenta de mi desazón ante sus lágrimas y quiso tranquilizarme. Sacó un pañuelo del bolsillo, se secó la cara, asió la cartera, me dijo “hasta luego” y se fue. Su parada era la siguiente. Yo no pude responderle.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Sólo se vive una vez
Un convicto sale de la cárcel para casarse con su prometida y dispuesto a reformarse, pero la sociedad le pone tantos obstáculos que parece que su única vía de escape es volver a la senda del crimen.
Fritz Lang ("Metrópolis", "Secreto tras la puerta", "Encubridora", "M, el vampiro de Düssedorf", "El testamento del Dr. Mabuse", "La mujer del cuadro", "Las tres luces", "El doctor Mabuse", "Los Nibelungos: la muerte de Sigfrido", "Los verdugos también mueren", "Los Nibelungos: la venganza de Kriemhild") dirige esta película protagonizada por Henry Fonda y Sylvia Sidney y con banda sonora de Alfred Newman. Lang dirige con garra y sequedad.
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