martes, 10 de noviembre de 2009

Matthias Sindelar




El mítico Bill Shankly comentó una vez que “el fútbol no es una cuestión de vida o muerte. Es mucho más que eso”. Hubo una época en que esta afirmación no era exagerada, sino que incluso se quedaba corta. Muy conocida es la historia del llamado “Partido de la muerte” que enfrentó en 1942 a algunos antiguos jugadores del Dinamo de Kiev con miembros de la Luftwaffe, que terminaron ganando los ucranianos a pesar de que habían sido seriamente advertidos sobre las consecuencias que tal victoria pudiera ocasionar. Fue la historia que se tomo como base para la película “Evasión o victoria”, en la que John Huston dirigía a estrellas del balompié como Pelé, Ardiles, Moore, Deyna o Van Himst. Desafortunadamente la historia real no tuvo un final feliz.

No es ese el suceso que voy a relatar, sino otro menos conocido, menos épico, menos trágico, pero también reseñable, y amnientado en los momentos previos al estallido oficial de la Segunda Guerra Mundial.

Pongámonos en contexto. Corre el año 1938. Alemania ha iniciado su proceso expansivo apoderándose de Austria mientras las potencias occidentales se dedicaban a mirar a otra parte, incapaces de ver lo que se estaba gestando. Ese mismo año iba a disputarse en Francia la Copa del Mundo, para la que se habían clasificado tanto Austria como Alemania, pero Hitler no estaba dispuesto a permitir que se presentasen ambos combinados.

Austria vivía el mejor momento futbolístico de su historia. El conocido como Wunderteam era uno de los combinados favoritos para el Mundial de 1938, ya que cuatro años atrás había sido semifinalista en Italia y en 1936 consiguió la plata en los Juegos Olímpicos de Berlín.

El líder y capitán de Austria era su delantero centro, Matthias Sindelar, llamado “El Mozart del fútbol”, jugador del Austria Wien nacido en 1903 en Chequia y con orígenes judíos, futbolista de una habilidad tan extraordinaria que no se vería nada semejante en Europa hasta la eclosión del holandés Faas Wilkes. Aún hoy se considera unánimemente a Sindelar como el mejor futbolista que ha dado Austria en toda la historia, y durante su carrera marcó un total de 27 goles en los 44 partidos internacionales que disputó. En su vida privada fue Sindelar un vividor, aficionado a la juerga, el alcohol, las mujeres…Sin duda, fue el precursor de los grandes jugadores de vida disoluta que ha dado este deporte, como Alekhine lo fue de todos los que alguna vez han jugado una partida de ajedrez con un vaso de alcohol en la mano.

Alemania, por el contrario, no disponía en aquella época de una Selección potente, y decidió extender el Anschluss al fútbol, absorbiendo a los austriacos. Hubo futbolistas que se incorporaron a la Selección teutona, otros se fueron al exilio. Sindelar fue de los llamados a defender los colores alemanes, algo a lo que él se negaría repetidamente alegando supuestas lesiones.

El 3 de abril se disputó el último partido de Austria antes de su completa asimilación a Alemania. En el Prater se iban a enfrentar nada más y nada menos que a los invasores, en una especie de celebración de la unión de los dos países en un futuro común. En el partido estaban presentes las mayores autoridades nazis, encabezadas por su Führer, y los austriacos supuestamente habían recibido la orden de no ganar. Sin embargo, no contaban con el desmedido orgullo de Sindelar. Se dice que durante la primera mitad se dedicó a fallar inexplicablemente todas las ocasiones que tuvo. Ya en la segunda parte, decidió marcar un primoroso gol de vaselina, celebrándolo con un baile delante de la tribuna donde estaban ubicados todos los jerifaltes nacionalsocialistas, en una muestra de orgullo nacional. Estos no podían dejar pasar semejante humillación. Austria ganaría aquel partido por 2-0, marcando Sesta el segundo gol.

Sindelar logró escaquearse de defender los colores alemanes en Francia, pero su futuro estaba ya escrito. No sólo no pudo seguir jugando a fútbol, se le prohibió trabajar y le destrozaron un bar de su propiedad, sino que no pudo abandonar el país como hicieron algunos compañeros suyos, y en enero de 1939 Matthias y su pareja italiana, Camila, fueron hallados muertos en Viena sobre su cama. La explicación oficial fue que se suicidaron con monóxido de carbono. No faltan quienes piensan que en realidad fue asesinado, ya que se sabe que la Gestapo iba tras él. De esta forma tan triste terminó sus días este genio del balón que osó enfrentarse al imperio alemán. A su entierro, a pesar de la presión nazi, acudió una multitud. Su tumba se encuentra muy cerca del Ernst Häppel Stadion, estadio que albergará el partido amistoso del próximo miércoles día 18 entre Austria y España, actual campeona de Europa. Sirva este texto como sencillo homenaje a este héroe futbolístico. No dejemos que su romántica gesta caiga en el olvido.

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